"Sí, ¡joto!"
Jorge Ramos
Es la tarde de un día poco caluroso de inicios de primavera. Ana y María Luisa caminan en los pasillos de la estación Hidalgo del Metro de la Ciudad de México. Una es algo mayor que la otra, pero rondarán los 40 años de edad. Bromean porque el hijo de Ana se queja por su viaje subterráneo. Hubiera preferido el taxi Uber de las últimas semanas. Pero la contaminación que saca más de dos millones de autos al día por las malas políticas de gobierno en décadas, incluso antes de que nacieran ellas, hoy las obligó a usar el Metro. Con 4 años de vida, Pepito, de vivaces ojos negros y cabello rebelde como su edad, sigue rezongando.
- ¡Tú pinche joto! -suelta Ana a Pepito.
- Nooo... - responde Pepito, que se retuerce como un caracol al que echaron sal encima.
- ¡Sí, joto!, remacha la madre.
- ¡Tú pinche joto! -suelta Ana a Pepito.
- Nooo... - responde Pepito, que se retuerce como un caracol al que echaron sal encima.
- ¡Sí, joto!, remacha la madre.
Siguen su camino. Como Santa Teresa, nada las turba, nada las espanta.