La bicicleta
Jorge Ramos Pérez
Día 1.- Traigo la cabeza revuelta. Mi mirada está fija en la
luz roja del semáforo. En la esquina de Orizaba y San Luis Potosí el chirriar
de llantas, un golpe seco y el eco de la caída de pedazos de plástico en el
pavimento me sacan del marasmo. Lo último que alcanzo a ver es cómo una
camioneta azul sale volando para estrellarse en un negocio de pizzas. El punto
ciego me impide ver la escena completa. En el carril contrario distingo un coche
rojo con la defensa destrozada, quien supongo que se pasó el alto y golpeó a la
camioneta azul, misma que rozó otro vehículo que iba metros más adelante, con
una bicicleta colgada atrás. El rebote la mandó no precisamente a comprar
pizzas. Mi cabeza sigue revuelta.
Día 2.- Sigo con la cabeza revuelta. El semáforo en rojo.
Hay un ligero embotellamiento. Sin prisa espero el verde. Avanzamos lento sobre
la Calzada Camarones. Los dos carriles de la derecha están cerrados. Me causa
extrañeza ver las torretas de dos patrullas y el lomo curvo de un camión
revolvedora de Concretos Moctezuma. El corte a la circulación vehicular lo
hicieron los policías con esas lúgubres cintas amarillas que coloca la
autoridad en "la escena del crimen". A veces el tiempo transcurre más
lento. Avanzamos. Hay una bicicleta destrozada en la banqueta. A un lado
distingo los tenis empolvados de un hombre. Una tela blanca cubre la mayor
parte de su cuerpo, desde la cabeza hasta las rodillas. Era un pantalón de
mezclilla, sucio, empolvado. Un charco de sangre sobresale de la tela. El
líquido rojo ha hecho un camino sobre el pavimento, a un lado de las ruedas del
camión. Mi cabeza sigue revuelta.
Día 3.- En mi cabeza sigue la revuelta. Ese día tomo el
periódico. Todos los días lo hago. Leo que “un hombre de entre 58 y 60 años de
edad murió al golpearse la cabeza contra el pavimento en las inmediaciones de
Calzada Ermita Iztapalapa y Rojo Gómez a consecuencia de la embestida que
recibió por parte de un ciclista que huyó del lugar de los hechos”. El ciclista
huyó. Las cámaras de seguridad grabaron el momento. Sigo con la cabeza hecha
nudos.
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