viernes, 16 de octubre de 2015

Esperanza fallida / Lucia Cancino

Esperanza fallida

Lucía Cancino

El pelo volaba con el viento cubriendo el diminuto rostro de Ira; ella era blanca, frágil, de facciones finas, bajita de estatura y muy delgada. Su abundante cabellera se movía como medusa con el ventarrón. Intentaba inútilmente mantener la vista despejada. El vestido veraniego serpenteaba alrededor de su cuerpo, la piel se le puso chinita de frío. Una ligera curva en el estómago, casi imperceptible, era la constancia del bebé que esperaba. No tenía caso caminar, ¿hacia dónde? no tenía un lugar que la esperara.

Toda la ciudad estaba congelada después del ataque nuclear. No había más qué hacer, la fe en las naciones era nula, rayaba en la abominación. La ciudad irradiaba rayos y los edificios estaban derruidos.
Escombros, gente vagando. Muy lejos estaba de parecerse al Distrito Federal de 31 de diciembre de 2015. ¿Quién sería el iluso de asegurar que era el 1 de enero de 2016? El bebé pataleó, las contracciones se sentían cada vez más fuertes: era su forma de pedir permiso para salir, aunque sólo tenía cinco meses de gestación. Ira se escandalizó, esto no le estaba pasando a ella ni a su bebé. Tenia miedo hasta de beber agua.
Cerca de los escombros estaba un sofá desvencijado en el cual se acostó para recibir al niño. Como pudo se hizo un chongo, alzó su vestido y gritó pujando al mismo tiempo. Un ser verde con escamas y cara de reptil salió de sus entrañas. Lo tomó entre sus manos, por un momento creyó que estaba muerto. Le dio respiración de boca a boca. El bebé aspiró profundamente y reaccionó llorando. Ira lo cargo y amamantó hasta que salió sangre de sus pechos: murió dándole de beber al niño, quien mordisqueó su cuerpo y a la luz de la luna anaranjada se escondió abajo del sofá...

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